viernes, 7 de marzo de 2014

HERNIAS Y PROTUSIONES ¿QUÉ LE PASA A MI ESPALDA?

Son una de las lesiones más comunes a día de hoy. Todos hemos oído alguna vez la palabra hernia o protrusión, pero ¿sabemos realmente que son y cómo se generan?
Como ya sabemos la columna vertebral es un conjunto de 33-34 vértebras superpuestas que se articulan entre sí a través de pequeñas articulaciones y de los discos intervertebrales (estructura principal que se ve afectada en hernias y protrusiones). Van desde la base del cráneo hasta el cóccix.


La columna no sólo está compuesta de vértebras y discos sino también de músculos, encargados del movimiento y mantenimiento del equilibrio (desequilibrio = dolor), ligamentos (unión de los huesos) y nervios (encargados de la llevar y recibir información a través de la médula espinal). 
¿Qué es y para qué sirve el disco? Es una estructura similar a una esponja, situada entre vértebra y vértebra, que absorbe las fuerzas que sufre la columna. Está compuesto en gran medida de agua y cuando se debilita lo primero que hace es deshidratarse y por consiguiente desquebrajarse.
Está formado por:
-          Un núcleo pulposo (centro). Formado principalmente por agua.
-          Un anillo fibroso (alrededor del centro). Capas concéntricas de colágeno que protegen al núcleo.








Según el nivel vertebral tienen distinta forma. En cervical y lumbar son más altos en la parte anterior mientras que en dorsal son más altos en posterior. Es por esto por lo que las zonas más comunes donde encontramos estas lesiones sean en cervical y lumbar.
Como ya hemos dicho anteriormente el disco se encarga principalmente de absorber y transmitir las fuerzas que se generan en la columna, y no de soportar el peso como creemos.
De la función de soportar el peso se encargan las curvas fisiológicas de la columna. Si miramos la columna vertebral de frente parece una línea recta, pero si la miramos de perfil observamos dos tipos de curvas:
-   Cervical y lumbar: Cifosis (cóncavo hacia atrás).
      Dorsal y sacro: Lordosis (cóncavo hacia delante).
                      
Esta disposición de las vértebras le da flexibilidad a la columna y permite que sea muy resistente  para soportar carga.
Cuando se produce un desequilibrio de las fuerzas que recibe el disco, ya sea por una alteración de las curvaturas de la columna (rectificación o aumento de la curva) o desequilibrio muscular (debilidad o sobrecarga), es cuando el disco se ve dañado. Teniendo en cuenta la proximidad del resto de estructuras alrededor del disco (ligamentos, articulaciones vertebrales, nervios…), una vez dañado el disco se ven afectadas también estas estructuras. Siendo los nervios los principales informadores de cómo se encuentra cada zona, de ahí la gravedad de una afectación nerviosa debido a la lesión.

Mientras el cuerpo sea capaz de compensar esos desequilibrios no aparecerá sintomatología (dolor, rigidez, espasmos musculares…). El tamaño y la severidad de la hernia o protrusión discal no tiene correlación en los pacientes con el grado de dolor, es decir, que las hernias pequeñas pueden lastiman e inhabilitan de la misma manera que las hernias grandes e igual pasa con las protrusiones.
Hay que tener claro que una protrusión es el paso previo a una hernia. La diferencia entre ambas es que:
-          En las hernias hay roturas de las fibras más externas del anillo y salida al exterior del núcleo.
-          En las protrusiones hay roturas de fibras internas y el núcleo se desplaza en la fisura discal haciendo protruir el disco.

Ambas pueden provocar un estrechamiento del canal medular.


Una hernia es la consecuencia de un deterioro del disco por microtraumatismos repetidos, o por que las fibras del anillo han empezado a degenerar.
Una vez el disco se ha herniado, podemos encontrar diferentes tipos de hernias dependiendo de la dirección en la que salga el disco al exterior. La más frecuente es la postero-lateral debido al movimiento de flexión de la columna.
Como muchas otras lesiones podemos tener una hernia o  protrusión y no ser conscientes de ello hasta que no duelen o muestran algún otro tipo de síntoma. Ya hemos explicado anteriormente que esto se produce debido a un desequilibrio del cuerpo donde englobamos la movilidad, fuerza y elasticidad de los tejidos. Que mejor manera de recuperar o no perder estas propiedades que a través de la actividad física.
Por ello ERGOACTIV propone el ejercicio como terapia y prevención de posibles lesiones. Se consciente y cuídate moviéndote.  



Maite García Mtz.
Grado en Fisioterapia.
Especializada en osteopatía y traumatología deportiva.








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